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15 años después… ¿Está preparado el óptico optometrista para ejercer en el ámbito sanitario?

¿Está preparado el óptico optometrista para ejercer en el ámbito sanitario?

En 2004, en el XVIII Congreso de nuestro colectivo, tuve el privilegio de poder compartir y reflexionar, con una comunicación oral, sobre nuestra preparación para ejercer, si, ejercer, en el ámbito sanitario en ese momento.  Además, nuestra profesión acababa de ser reconocida, negro sobre blanco, en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS), concretamente en fecha del 21 de noviembre de 2003.

Ese momento estaba lleno de interrogantes, de ilusiones y, guste o no, parecía una gran oportunidad para un “grupo”, demasiado grande en mi opinión, que estaba esperando la “invitación” para alternar con el poder sanitario.

No era pues nada fácil, intentar visualizar el papel del óptico-optometrista en el ámbito de la salud, ya que, en el fondo, ese acceso no partía de un esfuerzo intencionado sino de una prerrogativa que venía de Europa: apareció de golpe.

Esa nueva situación profesional no se obtuvo sólo por la gestión política de los órganos de gobierno de los ópticos-optometristas, sino también gracias a las características coyunturales de nuestra profesión en esa época:

  1. Formación basada en Estudios universitarios: desde 1993 la titulación universitaria era la de Diplomatura en Óptica y Optometría, situada en ciencias experimentales, y que pasa a ciencias de la salud, aproximadamente en 2010.
  2. Existencia de una Colegiación obligatoria: con origen en un concepto de control sobre las ópticas y su gestión (sobre finales de los años 60), para nada, en ese momento, con interés profesional. Es importante pues asumir que nuestro colectivo profesional no es, a día de hoy, asociativo (tipo club) sino societario (tipo administración).
  1. Disponer de un Código Deontológico y de Manual de Buenas Prácticas Profesionales, AUTOACEPTADOS por el colectivo: esos documentos se aprueban (*), por suerte (¿o no?) para nuestra profesión previamente a la redacción de la LOPS. En los estatutos colegiales, anteriores y/o coetáneos a ese año, ya aparecían las posibles actuaciones deontológicas, pero, curiosamente, sin un código deontológico aprobado que las avalara. La redacción y aprobación de ese nuevo documento, se antoja fundamental para ser incluidos en la LOPS.

(*) “El Código Deontológico fue aprobado por la Junta de Gobierno del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas el día 15 de febrero de 2003 y por la Junta General de Colegiados el 27 de abril del mismo año.

Para dar valor a ese gran cambio profesional, es importante recordar que los psicólogos quedaron fuera de esa categorización en la LOPS en 2003, y su recurso a esa ley fue tan importante que incluso retrasó la activación de la ley. De ese recurso, la administración sanitaria acordó incluir la especialidad de la psicología clínica en dicha ley. 

Una vez expuestos todos estos motivos, lo que más preocupa es saber, si a día de hoy, casi a un año de celebrar nuestra mayoría de edad en este ámbito, estamos o no preparados para ser aceptados como profesionales sanitarios a todos los efectos.

Mi opinión, permitidme esta licencia, es bastante taxativa: no, no estamos preparados…como colectivo, y por ello, sigo exponiendo conceptos para que cada cual valore si eso es así o no. Somos adultos, formados universitariamente y, según la LOPS, profesionales sanitarios. Vamos: que esa capacidad crítica que se nos presupone, ahí está.

Las ópticas pasaron a ser, casi de un día para otro, establecimientos sanitarios. Y, guste o no, un elevado porcentaje de establecimientos de óptica ni tan sólo fueron evaluados por la administración. Es curioso, aún ahora, recordar que el propio colectivo no entendía que alguien les exigiese control en aspectos como la “calibración de los instrumentos de gabinete”, o que debía haber, si o si, un director técnico en cada establecimiento, el cual pasaba a convertirse en el ÚNICO responsable de la actividad sanitaria (no clínica) que en el mismo se llevaba a cabo.

Con el paso de los años….

¿Ha cambiado la formación del profesional?: En concreto, ¿qué formación reciben en el grado los profesionales sobre su acepción sanitaria?

¿La formación continuada intenta mejorar la seguridad del usuario final?: ¿Qué tipo de adquisición de competencias profesionales se ofertan en los programas de formación continuada?

¿Sabe el óptico-optometrista cuál es su responsabilidad profesional? Como profesionales sanitarios, el óptico-optometrista es el responsable en su actuación ante un usuario/paciente: no la puede derivar a nadie y además, el Director Técnico de cada establecimiento de óptica, ejerce como técnico garante de las responsabilidades sanitarias que se derivan de la actividad diaria.

Acceder al ámbito sanitario es asumir que…

  1. La prioridad es el usuario final: ¿le respetamos?
  2. La formación continuada es básica para estar adecuadamente capacitados ante los pacientes: ¿validamos objetivamente la adquisición de capacidades profesionales?)
  3. La actitud multidisciplinar, sin ninguna duda, fomenta el conocimiento de nuestra actividad profesional diaria: ¿saben realmente las otras profesiones sanitarias cual es nuestra aportación a la sociedad?

El respeto al usuario final emana, en el ámbito de la salud, del Principio de Autonomía del paciente, aprobado en Belmont en 1978. Aspectos como la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD), la ley de historia clínica y consentimiento informado…son los principales valores que surgen de ese principio, el cual, a día de hoy, forma parte de los procesos formativos y de investigación de las principales universidades. La realidad es el respeto al usuario final.

Un profesional sanitario debe ir manteniendo y adquiriendo capacidades relacionadas con su actividad profesional. De una forma objetiva y segura. No se trata solamente de ir a cursos, conseguir muchos créditos formativos…sino que estas formaciones y acreditaciones, puedan ser adecuadamente evaluadas, cualitativamente, como una adquisición de capacidades. Lo contrario, es solamente cuantitativo. Ser sanitario no es sólo un título, es también una capacitación social.

Participar abiertamente en los diferentes aspectos relacionados con la salud de las personas, y junto con otros profesionales, es básico para dar valor a nuestra actividad diaria. En sanidad, los profesionales que están aceptados en el catálogo de profesiones sanitarias, tienen, como característica principal, su INDEPENDENCIA de actuación, por lo cual la colaboración se hace fundamental para garantizar la salud general de las personas. Y en eso los ópticos-optometristas debemos ser solidarios y asumir cual es nuestro papel: el de velar por la salud visual, insistiendo en aspectos como la prevención, compensación, control y seguimiento de los problemas visuales. Asimismo, tanto la administración (control sobre los establecimientos de óptica, productos sanitarios, técnicas profesionales…) como los colegios profesionales (garantes de la capacitación profesional de sus colegiados ante la administración) deben ser el punto de referencia de los ópticos-optometristas para tener garantizado su entorno profesional de manera rigurosa y de respeto hacia el usuario final.

La prioridad de un profesional sanitario, es el de dar soluciones a las necesidades de los pacientes/usuarios, y, a día de hoy, garantizando su libertad de elección basada en una adecuada información. Nada más y nada menos que lo que se exige a un profesional sanitario.

En breve cumpliremos la mayoría de edad, como profesionales, y pocos son los cambios que en nuestro comportamiento profesional hemos puesto en práctica desde 2003. Como conceptos mal asimilados, en mi opinión:

  • cumplimos sólo por normativa/obligación, aspectos relacionados con la LOPD y Ley de Historia Clínica, y no para mejorar nuestra actividad profesional.
  • desconocemos mayoritariamente, el Código Deontológico y Manual de Buenas Prácticas: ha aparecido 14 años después de su aprobación, en 2003, el concepto de “aceptación” del mismo, a raíz de la Validación Periódica Colegial.
  • seguimos sin asumir, nuestra independencia profesional, y luchamos contra otros colectivos profesionales, e incluso entre nosotros mismos, sin defender nuestra responsabilidad principal: la salud visual de la sociedad.

Recordar una de las claves es la actitud multidisciplinar: cada profesional sanitario aporta su capacitación (que engloba conocimiento y aptitud). Ese es el gran reto profesional que debemos asumir.

A un año de 2020, número emblemático para los profesionales de la salud visual, año en el cual se cumplirán 17 años de la inclusión en la LOPS del óptico-optometrista como profesional sanitario, quiero compartir con todos vosotros algunas reflexiones sobre nuestro papel en el modelo sanitario, las cuales espero formen parte de los diferentes debates en el I Congreso de Salud Visual, que organiza AEOptometristas.

Recordar también que en esas fechas estaremos a menos de dos años de la mayoría de edad (18 años) profesional dentro del ámbito sanitario. ¡A ver cómo lo celebramos en 2021!

Permitidme, como final de este texto, un epílogo profesional sanitario:

Detrás de los ojos…hay alguien.

 

Ramón Solà

Asociado 684

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